Me voy a comprar un auto viejo, un muscle car, uno de esos autos lamineros así como de los 60’s 70’s, uno de esos que son la mar de inseguros, de esos que de sólo arrancarlo se te va medio tanque de gasolina y que al verlos dices “A ese wey le vale madres el medio ambiente”.
Me voy a comprar un auto viejo y madreador oxidado y laminero y no será para restaurarlo, en las puertas a los lados le voy a escribir amenas y agradables leyendas como “Chinga tu madre” y “Vete a la verch” y en el cofre le pondré en letras grandes pa’ que me lean los que vayan frente a mi “El Laminero Vengador” (se aceptan sugerencias).
Me voy a comprar un auto viejo, laminero y madreador y me dedicare a recorrer los caminos de esta infestada ciudad de conductores imbéciles y malvibrosos impartiendo oxidada justicia por todas sus asfaltadas calles. A aquellos conductores que vayan a cinco kilómetro por hora en el carril de alta sin que vaya alguien delante de ellos les haré una amable invitación a que muevan su carrocería empujón mediante. A aquellos listines que decidan brincarse la fila y meterse delante de mi les haré una amble invitación a no meterse en mi camino, abolladuras y rayones mediante. Le instalaré uno de esos claxons de trailer y cada vez que ponga en su lugar a algún automovilista desquiciado (probablemente el desquiciado sea yo) lo tocaré y será como mi marca, la marca del “Laminero Vengador”.
Me voy a comprar un auto viejo, justiciero y madreador y los gandallas doblefilero lo verán por las calles y dirán “Veeeerga weeee ni intentes metertele a ese cabrón es el El Laminero Vengador”
Me voy a comprar un auto viejo oxidado y madreador y los conductores hartos de la gandallez de otros tocará sus claxons llenos de alegría cada vez que me vean pasar y dirán mira mijo, ESO es un héroe.

