Después de años y años de estudios filosóficos, teológicos, antropológicos e innumerables pedas con los cuates, un selecto grupo de pensadores humanistas, entiéndase los cuates de las pedas, hemos llegado a la conclusión de que la respuesta a todas las preguntas de la vida es, irónicamente, otra pregunta. Es un cuestionamiento tan simple y sencillo pero a la vez envuelve tal sabiduría que realmente espanta.
La respuesta en cuestión envuelve toda una filosofía de vida aplicable a prácticamente todos los aspectos de nuestro diario devenir, cuando la duda nos atrapa y nos cuestionamos intensamente si debemos o no hacer algo, evaluando pros y contras de la situación, podemos resumir esto con un simple pregunta que nos ayudará a tomar una decisión rápida y probablemente acertada: “¿Y por que no?”
Si no encontramos una real respuesta a esta pregunta, todo lo demás son puros pretextos baratos que intentamos vendernos a nosotros mismos, por temor a caer en las garras del ridículo y/o fracaso, aún cuando estos son parte tan naturales de nosotros como el respirar.
- “Me ofrecieron un trabajo nuevo que se ve buenísimo, pero tengo que cambiarme de estado y no conozco a nadie, es empezar de cero” ¿Y por qué no?
- “Ese/esa niñ@ esta muy bien pero no sé si hablarle” ¿Y por qué no?
- “Vamos a aventarnos del bungie” ¿Y por qué no?
La mayoría de las cosas que no nos atrevemos a hacer, podríamos realizarlas si tan solo nos hiciéramos esa pequeña insignificante pregunta, así que… ¿y por qué no empezamos a cuestionarnos?