Hace unos cuanto días dirigí mis pasos al centro de esta inevitable e inhabitable ciudad para intentar entrar a la exposición fotográfica “Ashes and Snow” del canadiense Gregory Colbert, la primera vez que intenté entrar nos topamos con un mar de gente que buscaba entrar, la verdad me pareció impresionante la exorbitante multitud que buscaba poder disfrutar de esta exposición que tan buenas críticas se ha llevado, acto seguido desistí de entrar bajo la premisa de volver a intentarlo el siguiente fin.
Después de madrugar ese sábado para poder llegar temprano a la exposición y evitar la muchedumbre, llegamos como a las 10 de la mañana y nos encontramos con una gran concentración de personas, no tan brutal como la vez anterior pero si como para considerarlo, después de contemplar las variables y ver que eran más o menos óptimas decidimos intentarlo y nos aventuramos a buscar el fin de la fila, empresa en la cual sin quererlo nos colamos y nos brincamos una considerable parte de la misma.
Aproximadamente 40 minutos después de estar formados como vacas, nos encontrábamos a las puertas del museo y finalmente logramos pasar; aquí es donde se pone bueno el asunto y la misantropía llega al tope, al principio al ver tanta gente formada uno podría casi alegrarse por que pareciera que la gente esta motivada a cultivarse un poquito asistiendo a este tipo de eventos, sin embargo una vez que estuvimos adentro, notamos que la “gente” no solo se formaba como vacas, sino que pasaban como vacas tal cual, de las chingomilpinchocientas personas que entraron pude notar que aproximadamente, y tal vez exagero, solo unas 10 se molestaban realmente en detenerse al menos uno o dos minutos para admirar el gran trabajo que hizo Gregory Colbert.
En el momento la verdad no me importo un carajo lo que estuviera haciendo la demás gente, pues la exposición esta tan bien montada que realmente te aislas del mar de personas que fluye a tu alrededor, sin embargo después meditando un poco en lo que paso me pongo a pensar, como que demonios pasara por la cabeza de todas esas personas que entraron y pasaron como si nada, vaya, no pido que analicen la semiótica de la foto, el encuadre, el simbolismo o alguna de esas cosas que la mayoría de nosotros no entendemos un comino, pero no se necesita saber de esto para admirar y sentir aunque sea un poquito ante un trabajo tan bien hecho, la luz de las fotografías, la actitud de los animales, la meditación a la que invitan las poses de los niños y personas retratados no necesitas de gran conocimiento para poder gozar de esto. Es más ya nada más por el hecho de que estuvieron formados chingomil horas, deberían de pensar “pos ora por lo menos las desquito” pero ni siquiera eso. La gran mayoría paso como vacas, mirando para un lado y para otro sin detenerse por mas de 5 segundos mas que para decir “ira el changuito mijo”.
Ahora me doy cuenta que Gregory Colbert logró dos cosas la humanización de los animales en esas grandes fotos y animalización (¿o evidenció?) de las masas que acudieron a esta exposición, me recuerda tremendamente una canción de Def con Dos llamada Demasiado Humano, triste pero cierto.