Intento recordar, intento recrear como eran esos pensamientos que se agolpaban en mi mente esperando por salir, a veces todos a un mismo tiempo, intento retomar esos momentos en que el mundo callaba y mi mente hablaba, intento reproducir esos momentos en que la ¿inspiración? me hablaba y las palabras fluían solas y… simplemente no sucede.
Me he absorbido tanto en proyectos, aprendizajes, preocupaciones y varias cosas más que, sin querer, he desplazado a esa voz, ese pequeño misántropo que vive dentro de mi y que tenía tanto que decir, sospecho que aún ronda por ahí, debe estar escondido en algún rincón en algún recoveco, sobreviviendo a base de polvo y moho, esperando con ojos anhelantes, la barba crecida y el cabello desaliñado. Aguardando el momento propicio para salir y comenzar a escupir y vomitar ideas como hiciera antes.
¿Será una cosa de edad? O simplemente se habrá dado cuenta que escribir no es más que un desahogo sin sentido que no lo lleva a ningún lado más que a la contemplación de la miseria propia. Sea como sea, extraño a ese, ahora disminuido, ser con el que antes solía sostener pláticas y reflexiones a veces profundas a veces tremendamente vanas, lo busco y no lo encuentro, grito por todos lados sin obtener más respuesta que el eco de mis propios pensamientos, tal vez, tal vez deba callar, recluirme en un rincón y esperar que sea él quien me busque a mi.